Entradas etiquetadas con David Cantolla

El mejor de los caminos

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Cuando tenía 7 u 8 años, mi padre me contaba historias de sus viajes por el mundo. En una ocasión hace mas de tres décadas, me contó que había un lugar en América con submarinos y barcos antiguos, con castillos y trenes que flotaban y ratones del tamaño de un hombre, donde podías comer sin parar todo tipo de dulces y donde vivían los personajes de los cuentos. De pequeño soñaba con sitios así. Hace 30 años no había vuelos de esos que por 40 euros te dejan atravesar Europa. Salir de España era para mi, casi tan increíble como viajar a otro planeta. No lo consegui hasta los 21 años. El primer verano que tuve un poco de dinero decidí irme lo más lejos posible. Ya sabes, coges un globo terraqueo, cierras los ojos, le das un par de vueltas, y decides irte alla donde salga.

Seguro que a ti también te ha ocurrido algo parecido. Tienes tantas ganas de ir a un lugar que se convierte en una obsesión. Te han contado cosas alucinantes, tal vez que es el único monumento que se ve desde el cielo o que son triángulos gigantes hechos de bloques de piedra que sólo han podido colocar así los extraterrestres, qué más da, te has cansado de repetirte a ti mismo, “algún día lo veré con mis propios ojos”Te has imaginado tantas veces en ese sitio que ya forma parte de ti.

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Cómo cambiar el mundo con un coche de choque

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Buena reflexion de David Cantolla, cofundador de Zinkia y uno de los padres de Pocoyó, sobre como el principio en esta vida no te define el final.

Hay un refrán por ahí, de esos de sabiduría popular, de esos de: “ya te lo dije”, que dice que lo que mal empieza mal acaba. Nosotros, los humanos, que, por lo general, somos bastante dados al dramatismo y no solemos cuestionarnos de antemano las reglas tácitas de las cosas, hemos asumido, con el paso del tiempo, que eso es básicamente así. Hay otro refrán, también de esos de sabiduría popular, pero en este caso de esos de: “todo va a ir bien”, que dice que: “La opera no acaba hasta que canta la gorda”

Soy el único niño de mi colegio que suspendió pretecnología, que ya es decir. De los más de dos mil niños que habían pasado por las clases de ese profesor, a mí fue al único que me dijo la frase: “tú no estás hecho para esto”. Mis mejores amigos del curso me echaron de su grupo de trabajos manuales. (preguntad a Alvy o a José Carlos). Qué le voy a hacer… no he podido dibujar jamás una línea recta con un Rotring sin manchar toda la página. No he podido arreglar nunca un enchufe sin que la cinta aislante acabe pegada en todas las direcciones y por todos lados del cable y de mis manos. De hecho, no he conseguido jamás pegar algo a algo sin que acabe lleno de pegamento yo, el objeto, la casa y los que viven en la casa. Soy el lado oscuro deMacGyver, soy el AntiMacGyver.

Con este background a mis espaldas, tenía tanto miedo en los últimos años de mi carrera de Bellas Artes que me hice restaurador de esculturas y policromías. Lo que hace el miedo…¡Un manazas restaurador! ¿Buena decisión? Evidentemente no. El resultado una vez más fue un: “por Dios Cantolla, déjelo!”.

Mi primer trabajo de diseñador gráfico me lo encargaron a los diecinueve años. Se trataba de hacer la nueva imagen corporativa de Cigarcanarias y del re-diseño de las vitolas de sus puros y cigarros. ¡Vitolas de puros!. ¿Dónde está eso en el universo? Un sitio raro seguro; pero las tallas del XVIII no me necesitaban y había que buscarse la vida. Me lo tomé muy en serio. Las ideas que les presenté a lápiz gustaron, así que me encargaron un “arte final” para poder tener los definitivos e imprimirlos. Aquella fué la primera vez que oí las palabras “arte” y “final” juntas. Me fuí a casa temblando. Me estaban pidiendo, a mí, que no he conseguido clavar un clavo recto en los días de mi vida, un acabado profesional.

Y pasó lo que tenía que pasar.

Compré un letraset, esas tipografías de antes que se pegaban como los tatuajes de los “Bollicaos”, un bolígrafo que pintaba en color oro, pegamento “Imedio”, unas tijeras y un kilo de Aironfix. Ni pantonero ni nada: los colores los sacaba de las fotos de las revistas de mi madre. Lo recorté con todo cuidado con las formas del diseño que tenía en los bocetos; pegué unas cosas encima de otras; los textos los cubrí de dorado y finalmente puse el Aeronfix encima…No quedó bien. En realidad quedó tan sumamente mal que decidí recortar las esquinas del papel en redondo para ver si el efecto despistaba un poco la vista, con lo que conseguí que quedara aún peor. Lo hice lo mejor que pude, puse mi alma en hacerlo bien y acabó… horroroso.

Aún así lo presenté: era mi compromiso. El cliente me miró, me dio unos golpecitos en la espalada y me dijo con extraordinario cariño una variante de esa misma frase que me han repetido tantas veces: “esto te queda grande, ¿verdad?”.

Es cierto que empecé mal. He pensado muchas veces en como conseguí salir adelante y creo que fué a base de intentarlo una y otra vez. Cuestión de energía y de orejas y ojos abiertos. La única manera segura que se me ocurre de no conseguir hacer “algo” importante en tu vida, esno estar dispuesto a empezar una y otra y otra vez, y a no estar lo suficientemente despierto para moverte de tu sitio natural a otro. Siempre lo he imaginado como meterse con un “coche de choque” en una habitación oscura: aunque golpees una y otra vez contra las paredes y los muebles, con suficientes fichas acabas saliendo por la puerta.

En el fondo el cómo pensamos sobre las cosas que hacemos es lo que las convierte en buenas o en malas y no lo que creemos que los demás están pensando, ni las limitaciones auto-impuestas que arrastramos, ni la tendencia a considerar los errores como un estigma que acabará con nosotros. ¿No iba Colon a la India? Un mal comienzo no tiene por qué ser definitivo.

Ni siquiera pienses en tu suerte. Si haces cosas, te pueden pasar cosas. Si haces muchas cosas, te pueden pasar muchas cosas. Pero si no haces nada, no te puede ocurrir nada. Peter F. Drucker, a quién os recomiendo que leáis, suele poner el ejemplo de una empresa india que compró una licencia para fabricar una bicicleta europea con un pequeño motor auxiliar. La bicicleta no tuvo éxito, pero la empresa notó que había muchos pedidos solamente del motor. Descubrieron que la gente utilizaba el motor para sustituir las bombas manuales con las que regaban los campos y la empresa acabó vendiendo millones de bombas de riego…

Viví el nacimiento del Desktop Publishing y de Apple en España y acabé por hacer rectángulos y tipografías perfectas. Estaba por ahí haciendo “algo” y me subí a ese tren. El diseño gráfico y la excelencia en el detalle pasó a ser parte de mí. Trabajos más finos que “al milímetro”. Trabajos “al pixel”. ¿Podéis ahora imaginar lo que siento al ver Pocoyo tan blanco y tan perfecto? Acabé encontrando el camino. Siempre lo encuentras si te empeñas en buscarlo. Sigo siendo un caos pero descubrí un sitio para mí, para un incapaz con las manos. Y no me fué mal. Hoy, con algo de perspectiva, no me parece nada extraño: es algo que puede hacer cualquiera con la mente abierta y la energía de un coche de choque con suficientes fichas.

Via: CookinIdeas.es
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