Un banco puede haber dado en el clavo de cómo hacer una campaña de captación de éxito. Lógico ¿quién se puede resistir a que le regalen hasta 1000 € por la patilla? A finales del año pasado el banco (permítanme que me refiera a él en abstracto) puso en marcha una campaña publicitaria en su país (desconozco si en otros) en las que plantaba fajos de billetes de pega en las repisas de sus sucursales.

Se trataba de billetes que simulaban los de euro, con cifras peregrinas (185 €, 154 €…) y una banda que advertía que esos billetes eran de coña, junto con un reverso escrito. Sin embargo, debieron hacerlos de un papel muy bueno, pues a un cliente se le ocurrió recoger unos cuantos, ir a la máquina de depósitos y meterlos en su cuenta.

Por supuesto las máquinas no son tontas, y expulsaron repetidamente el fajo de billetes falsos. El aviso en la pantalla indicaba que había algún elemento extraño entre los billetes, como un clip, un sobre o cualquier otro objeto. Pero ni pío acerca de la falsedad de la moneda.

El cliente, semi-satisfecho, recogió sus panfletos y se marchó a casa, terminando el vídeo con el gato pianista interpretando la sintonía de cierre. Un rick-roll en toda regla.

O puede que no.

Algo debió consultar el cliente con la almohada, pues al día siguiente regresó a la sucursalacompañado de unas tijeras. También se surtió convenientemente de billetes publicitarios, pero esta vez les dio un corte para probar si el tamaño importaba a las máquinas de depósitos.

Metió su tarjeta, puso los billetes cortados en el cajetín y la máquina los deglutió con gusto,eruptando a cambio un +600 euros en la cuenta del resabiado cliente. Esta vez no había gato teclista ni Rick Ashley al final del vídeo. Lo que había era una sola toma de vídeo sin cortes y un gran asombro por mi parte.

Sigo buscando fotograma a fotograma dónde está el truco y, sinceramente, no lo encuentro. Y encima, el vídeo ha sido eliminado de YouTube con el cintillo de “suprimido por violar los términos de uso”, mientras que el primero, donde el hacker fracasaba en sus intentos, sigue perfectamente on-line. Esto, si quieren, alimentan aún más mis sospechas de que, aunque parezca mentira, se puede obtener dinero fácil cuando un rubio te mira.

Si alguno tiene alguna teoría, o en que sucursales están instaladas estas máquinas, ya tardan en ponerlo en los comentarios.

Por cierto, el afortunado cliente es el activista Aram Bartholl, miembro de la sección alemana del colectivo F.A.T, (Arte Libre y Tecnología), una organización dedicada a “enriquecer el dominio público a través de la investigación y el desarrollo de tecnologías creativas”.

Aram Bartholl es también el autor de las afamadas gafas “First Person Shooter”, por lo que podemos concluir que la tecnología creativa que mejor maneja este teutón son, definitivamente, las tijeras.

Via: CookingIdeas